Amigos del chocolate: churros

Churros con chocolate
Porras
El chocolate es uno de los alimentos más comunes que podemos encontrar en nuestro particular día a día. Podemos degustarlo en sus numerosas variedades, siendo una de las más populares el chocolate a la taza; y como acompañante y complemento del mismo son los churros (al igual que las porras) quienes acaparan todo el protagonismo.

Esta mezcla de agua, sal, azúcar y harina, tras ser amasada y colocada en una máquina con forma de manga de respostería, obtiene su forma (con cortes longitudinales y perpendiculares con un grosor por churro de unos 1,5 cms. y de la longitud que quiera proporcionarle el churrero) tras salir de la misma y verterla en aceite muy caliente (generalmente se emplea aceite de girasol). La forma que pueden adquirir los churros podrá ser recta o curvada.

Al churro elaborado se le puede añadir azúcar, bañar en chocolate, o rellenar de crema.
De una forma u otra y como hemos comentado, son el acompañante perfecto del chocolate a la taza, pudiendo disfrutar de una docena de los mismos en unos cinco minutos)

Con grandes similitudes a los churros, las porras presentan respecto a los mismos ciertas diferencias que las caracterizan: se utiliza en su elaboración mayor cantidad de harina, se emplea en su elaboración el bicarbonato sódico (no apareciendo éste en la del churro), y hay que dejarlas reposar tras estar cocinadas entre cinco y diez minutos, siendo su mayor tamaño, su forma de espiral y su manera de ser cocinadas (similar a la de los churros pero requiere mayor tiempo de elaboración y de cocinado) las principales diferencias con respecto a los churros.

El consumo de dichos alimentos está extendido sobre todo en los países de habla hispana, en Francia y centrándonos en nuestro territorio, destacan la Comunidad Valenciana, Cataluña, Andalucía y sobre todo Madrid en cuanto a líderes en el consumo de los mismos.

Su consumo se realiza a lo largo de todo el año, generalmente en el invierno (dado lo bien que combinan junto al chocolate), generalizándose en cualquier tipo de fiesta popular, circos, ferias, etc…, degustándose principalmente en los desayunos y meriendas; y dado su sabor, combinación con el chocolate, su uso como recompensa para los niños (y para los adultos también), y el alimento que proporcionan, posibilitan que tanto churros como porras vayan a continuar ocupando un puesto destacado entre nuestras tradiciones alimenticias.